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Gobernamos a travésde nuestra confesión

Decide que algo puede hacerse y se hará, y entonces hallarás la manera.
Abraham Lincoln..

La palabra confesada es lo que en el Antiguo Testamento se denominaba Mashall, de cuyo término nace la palabra Marshall, que era un juez del lejano Oeste. Un sinónimo de Mashall también es Proverbios.

El Proverbio o Mashall, era una palabra gubernamental con la cual se dirigía el pueblo. Salomón recibía de parte de Dios un proverbio, y con el gobernaba al pueblo ese día.

Los profetas del viejo pacto gobernaban con el Mashall de Dios, este fue el caso de Jeremías.

Jeremías 1:7-10
Pero el Señor me dijo: "No digas: Soy muy joven, porque vas a ir adondequiera que yo te envíe, y vas a decir todo lo que yo te ordene.

No le temas a nadie, que yo estoy contigo para librarte." Lo afirma el Señor.

Luego extendió el Señor la mano y, tocándome la boca, me dijo: "He puesto en tu boca mis palabras.

Mira, hoy te doy autoridad sobre naciones y reinos.

La Palabra que confiesas se transforma en la espada del Espíritu.

En el libro de Génesis capitulo uno, vemos que el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas, pero nada ocurrió hasta que Dios verbalizo la fe: "Dijo Dios", y todo comenzó a suceder.

Este mismo principio es declarado por Pablo en Efesios.

Efesios 6:17
Tomen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.

La palabra de fe que nosotros confesamos se convierte en la espada del Espíritu que reside en nosotros. Digamos claramente que toda persona nacida de nuevo, tiene al Espíritu Santo morando dentro de su espíritu humano recreado, y es desde allí que el Espíritu Santo quiere actuar con potencia para derrotar a nuestros enemigos, resolver nuestros conflictos, producir abundancia en medio de la escasez etc., pero al igual que un soldado en el frente de batalla, el Espíritu Santo no puede pelear a nuestro favor sin una espada. Ahora, ¿Cuál es nuestra participación en esta batalla? Proveerle una espada al Espíritu Santo, y esa espada es precisamente la confesión que nosotros hacemos de la Palabra. Cuando nos paramos frente a la adversidad y declaramos valientemente: "escrito está" y soltamos la palabra de Dios, en ese mismo instante le hemos provisto al Espíritu Santo de la espada para que pelee la batalla por nosotros y salgamos más que vencedores.

Con nuestra boca construimos victorias y también derrotas.

Cuando nosotros confesamos derrotas, fracasos o incredulidad, le proveemos de una espada al diablo y sin quererlo, nos transformamos en su aliado, y de esta manera nos autosaboteamos, infringiéndonos a nosotros mismos un daño mayúsculo.

Joel 3:10
Forjen espadas con los azadones y hagan lanzas con las hoces.
Que diga el cobarde: "¡Soy un valiente!"

Con nuestra boca construimos victorias y también derrotas.

Salmos 119:25
Postrado estoy en el polvo; dame vida conforme a tu palabra.

La Iglesia se Imponía y Gobernaba frente a sus enemigos Confesando la Palabra de Poder.

Hechos 12:24
Pero la palabra de Dios seguía extendiéndose y difundiéndose.

Hechos 13:49
La palabra del Señor se difundía por toda la región.

Hechos 19:20
Así la palabra del Señor crecía y se difundía con poder arrollador.

La confesión de la palabra de Dios es decisiva para lograr la victoria sobre cualquier asunto. Con ella vencemos sobre:

1.- Satanas

Apocalipsis 12:11
Ellos lo han vencido por medio de la sangre del Cordero y por el mensaje del cual dieron testimonio; no valoraron tanto su vida como para evitar la muerte.

2.- Nuestros enemigos

Isaías 54:17
No prevalecerá ninguna arma que se forje contra ti; toda lengua que te acuse será refutada. Ésta es la herencia de los siervos del Señor, la *justicia que de mí procede afirma el Señor.

3.- Nuestra propia naturaleza caída

Hebreos 4:12
Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos,* y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón.

Proverbios 21:23
El que refrena su boca y su lengua se libra de muchas angustias.